Se preparan los filetes, quitándoles los nervios.
En una sartén amplia se pone el aceite a calentar. Se pasan los filetes, después de salados, por la harina, sacudiéndolos un poco para que caiga la harina sobrante. Se fríen y, una vez fritos, se reservan en un plato al calor.
En este mismo aceite se fríen las cebollas peladas y cortadas en rodajas para formar aros. Cuando éstas están transparentes (unos 6 minutos), se añaden los tomates pelados, cortados en trozos y quitadas las simientes. Se refríen durante unos 15 minutos. Se agrega el extracto de carne. Se colocan entonces los filetes en la sartén y se cubren, teniéndolos así unos 3 minutos. Se les da la vuelta y se tienen otros 3 minutos del otro lado.
Se sacan con un tenedor y se colocan en la fuente donde se vayan a servir.
Se espolvorea en la sartén el perejil, se añade la nata separando ya la sartén del fuego, se rectifica de sal si hiciese falta y se vierte la salsa por encima de los filetes.
Se sirven acompañados de puré de patatas o de coditos cocidos y rehogados con mantequilla y queso o, sencillamente, de triángulos de pan frito.
Nota: Si no se dispone de nata, se puede sustituir por un par cucharadas soperas de jerez. Este se tiene que cocer un ratito con la salsa para que no esté muy fuerte.
Con parte del tocino se mecha el hígado. Con lo que queda se hacen unas lonchas muy finas y se cubre la parte de arriba del hígado. Se ata luego el trozo de carne como si fuese un asado corriente.
Se pone el aceite en una cacerola y se calienta. Una vez caliente, se echa la cebolla pelada y picada, se deja 5 minutos hasta que se pone transparente y se añade entonces el hígado. Se dora por todos lados, se sala, se espolvorea con las hierbas (o se pone el ramillete) y se rocía con el vino y con el agua. Se cubre la cacerola y, a fuego mediano, se deja durante unos 25 a 35 minutos, dándole la vuelta de vez en cuando.
Se saca entonces, se le quita la cuerda y el tocino de encima y se trincha en lonchas medianamente finas. Se pasa la salsa por el pasapurés o el chino y se sirve por encima la salsa o aparte en la salsera.
Se puede acompañar el hígado con coditos (cocidos y rehogados con mantequilla y queso rallado), con puré de patatas o con cualquier verdura que apetezca (coles de Bruselas, guisantes, alcachofas, judías verdes, etc.).
En una sartén se pone a calentar el aceite; cuando está a punto (es decir, no muy caliente, pues el hígado se debe freír lento y no arrebatado), se fríen los filetes (pocos a la vez) pasados por harina y sacudidos para que no tengan demasiada.
Se sacan y se reservan. Se quita el aceite y, una vez colado, se cogen 4 cucharadas soperas y se vuelven a poner en la sartén.
Se echa la cebolla muy picada y se deja que se haga lentamente durante 6 minutos; se añade entonces el vino blanco y se deja a fuego lento otros 5 minutos. Se meten después los filetes en la salsa, se cubren con tapadera y se dejan a fuego lento 5 minutos. Se sirven en seguida.
Se salan los filetes de hígado por las dos caras y se pasan por un plato con harina, dándoles un poco con los dedos para que la harina se pegue, pero también para quitar la sobrante.
En una sartén amplia se echa el aceite; cuando está caliente (pero no mucho, pues el hígado está mejor frito lentamente que arrebatado), se fríen los filetes por las dos caras rápidamente. Se dejan en la sartén y se espolvorean ligeramente con el pellizco de hierbas aromáticas (laurel y tomillo) en polvo. Se le echa la mitad de vino. A fuego mediano se deja consumir este vino, se da una vuelta a los filetes y se rocían con el resto de vino. Cuando la salsa haya cocido un poco, se sirven en una fuente los filetes espolvoreados con el perejil y rociándolos con la salsa que hay en la sartén.
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