Con las cantidades dadas salen unas 60 magdalenas.
En una ensaladera se ponen las claras y el pellizco de sal; se baten a punto de nieve muy firme, se les añaden las yemas, después el azúcar, el aceite, la leche, la ralladura del limón, el Armisén (un papel de cada color, alternándolos) y, al final, la harina. Todos estos ingredientes se echan poco a poco y unos detrás de otros, removiendo bien con una cuchara de madera.
Con una cucharita de las de café se rellenan los moldes de papel hasta menos de la mitad de la altura del mismo.
Se meten a horno mediano flojo y se sacan cuando están bien doraditas.
Estas magdalenas se pueden guardar unos días en una caja de metal.
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