Los mejores meses para comer los nabos son de mayo a febrero. Están entonces tiernos y con la carne apretada.
Para casi todas las formas de prepararlos hay que lavarlos, pelarlos y, aunque sean pequeños (que son mejores y más tiernos), se cortan en dos a lo largo, o en rodajas no muy finas. Se sumergen en agua abundante hirviendo y sal. Se cuecen durante 10 minutos, después de los cuales se escurren en un colador grande.
Así están listos para varias recetas.
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